miércoles, 13 de enero de 2010

Cándido Castán San José






Datos biográficos


Cándido Castán San José nació en Benifayó (Valencia) el 5 de agosto de 1894.Era un padre de familia que desde hacía varios años vivía con su esposa y sus hijos en Pozuelo de Alarcón en la colonia de San José.
Empleado de ferrocarriles de la Compañía del Norte de España, había estudiado bachillerato en el colegio de los Hnos. del Sagrado Corazón en Miranda de Ebro, donde había sido destinado su padre como Jefe de Estación. Después hizo estudios espe­ciales relativos a materiales ferroviarios. En 1936 prestaba sus servicios en dicha Compañía como empleado principal.Tenía dos hijos, Teresa, 15 años, y José María, 8.
Cristiano coherente, militante católico, era a la sazón Presidente de la Confederación Nacional de Obreros Católicos. Presidente así mismo de los Ferroviarios Católicos, sección de Madrid-Norte y afiliado a la Adoración Nocturna.¿Cómo se unió al “martirologio oblato”?Porque fue sacado de su casa y recluido, junto con otros seglares católicos, en el convento de los Misioneros Oblatos, provisionalmente convertido en prisión, y asesinado con el primer grupo de Oblatos.Entre sus descendientes, tiene un nieto sacerdote y una nieta religiosa.

Detención y martirio

El día 18 de julio sufre en su domicilio un primer registro, que nos describe vivencialmente su hija, testigo de visu:
“Se presentaron en casa unos milicianos, so pretexto de encontrar armas, que, por supuesto, no existían… Cuando terminaron, le ordenaron que no se moviera de casa”Cuatro días más tarde, el 23 de julio hacia mediodía, fue obligado a abandonar su casa por un grupo de “milicianos del comité revolucionario de Pozuelo”. Su hija Teresa fue testigo directo de su detención.Desde allí es conducido prisionero a la casa de los Misioneros Oblatos".

Recluido la noche del 23 de julio, es visitado por su esposa que le lleva comida y cena.En la noche del 23 al 24 de julio es sacado del convento con otros siete Oblatos y ejecutado junto con ellos en la Casa de Campo, parque situado entre Pozuelo y Madrid. Tenía 42 años.

Testimonio

Interesantísimo y detallado el testimonio de su hija. Entresacamos algunos párrafos:
Mis padres se casaron el día 4 de junio de 1919. El ambiente de la familia era extraordinario y allá donde iban mis padres íbamos mi hermano y yo. Fuimos educados en un clima de amor y religiosidad, donde en la familia, por parte de mis padres, se nos enseñó a rezar y a amar a Dios sobre todas las cosas y a hacer obras de caridad.
Tengo un recuerdo vivo de la gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús que tuvimos tanto en la casa de Madrid como en la de Pozuelo. Recuerdo que de pequeña, cuando no me portaba bien, mi padre me mandaba arrodillarme delante del Sagrado Corazón y pedirle perdón.

De la preocupación por nuestra educación religiosa, mis padres nos llevaron a colegios religiosos, tanto en Madrid como en Pozuelo.
En mi casa se vivía también un clima profundo de religiosidad. Mi padre rezaba el rosario todos los días y era devotísimo de la Santísima Virgen, enseñándonos a nosotros que era nuestra Madre del Cielo. Hacía la visita al Santísimo por la tarde. Muchas veces yo le acompañaba, en otras ocasiones comentaba en casa que había ido a tal o cual iglesia.
Era miembro de la Adoración Nocturna.Grandísimo devoto del Sagrado Corazón de Jesús, lo entronizó solemnemente en mi casa.
Esta religiosidad no sólo la vivía mi padre en su piedad particular, sino que también fue un propagador de la fe Católica.
Cuando nos trasladamos a Pozuelo recuerdo que promovió, en colaboración de otros vecinos, la construcción de una capilla, que todavía hoy existe, en honor de San José para oír misa los domingos. Teníamos que llevar las sillas, porque no sólo no había bancos, sino que ni siquiera había suelo.
En vista del mal cariz que tomaban las cosas, recuerdo que mi madre le propuso a mi padre (tras el arresto domiciliario) que se marchase a Benicarló, con la familia de mi madre, y se escondiese allí. Mi padre se negó diciendo que no tenía por qué esconderse ya que él no había hecho nada malo.
El 23 de julio hacia mediodía se presentaron de nuevo los milicianos para detener y llevarse a mi padre. En casa estábamos sólo él y yo, pues mi madre había salido a comprar acompañada de mi hermano pequeño.

Mi padre me dio el anillo de casado y las llaves de la casa diciéndome que se lo entregase a mi madre. Se lo llevaron al convento de los Padres Oblatos y por el camino se encontró con mi madre y mi hermano que volvían de la compra. Mi madre le preparó la comida y la cena y se lo llevó al convento.
Al día siguiente le preparó el desayuno y cuando se lo llevó ya no estaba.
En mi casa, mi madre tuvo siempre a mi padre por mártir, porque sabía que la única causa de su muerte fue la Religión.




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