jueves, 7 de enero de 2010

Justo González Lorente


 
 
 
Datos biográficos

Justo González Lorente nació en Villaverde de Arcayos (León) el 14 de octubre de 1915. Su familia, conocida en el pueblo como muy cristiana, facilita y cultiva en él la vocación religiosa, siguiendo así las huellas de varios hijos e hijas del pueblo.
El 14 de agosto de 1927 ingresa en el seminario menor de los Misioneros Oblatos de Urnieta (Guipúzcoa) y en 1932 comienza el noviciado en Las Arenas (Vizcaya). Hace su primera oblación temporal el 15 de agosto del año siguiente. En una carta a su hermana Dionisia, religiosa, decía que él ansiaba ardientemente culminar esa etapa de su vida para entregarse de lleno a Dios por la consagración religiosa.
Pasa a Pozuelo para proseguir los estudios llevando con gran rigor su formación intelectual y espiritual. Parecía algo tímido y sentimental; pero era alegre, servicial y amigo de todos. Al terminar el primer año de teología se disponía a hacer su oblación de por vida. Tenía gran ilusión por ser misionero.

Detención y martirio

El 22 de julio de 1936 las circunstancias van a cambiar la ruta de sus sueños. Fue detenido con toda la comunidad oblata en el mismo convento, que quedó aquel mismo día convertido en prisión. Dos días más tarde, en la madrugada del 24 de julio, Justo fue sacado del convento con otros seis Oblatos y con un seglar, padre de familia, Cándido Castán, encarcelado en el convento. Todos ellos fueron martirizados en la Casa de Campo de Madrid. Justo tenía 21 años.

Testimonio

“Los Siervos de Dios (los Oblatos de Pozuelo), afirma un testigo, preveían el martirio, dado el ambiente de hostilidad que reinaba en todas partes contra la Iglesia y sus miembros. Desde meses antes de su detención estaban advirtiendo que sus vidas corrían peligro por los insultos y amenazas de muerte que con frecuencia les hacían por el simple hecho de ser sacerdotes o religiosos. Esta situación motivaba en todos una preocupación por prepararse a lo que Dios en su providencia amorosa les estuviera reservando, manteniendo una actitud serena en un ambiente de fervor como preparación inmediata a lo que estaban previendo. Convencidos estaban todos que si la muerte les llegaba era tan sólo por odio a su fe cristiana y al hecho de ser personas consagradas”.

           Justo era uno de ellos.

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